El hedor de tu pútrida existencia
corroe los espacios más ocultos
de tu destino arriesgado,
Solo queda la emanación a óxido
de aquel escudo, si aquel,
el que usaste para ocultar
tu mente de cristal,si justo
esa mente que hoy refleja
famélica soledad.
Caíste... Aún cuando aparentabas ser tan fuerte,
pero tu paciencia también traiciona...
Felicidades, caíste en el aterrador sistema,
formas parte del rebaño.
Te desconozco en que erial enterraste aquellos
sueños que te hacían respirar exaltada.
Quizás fuiste algo conformista. No te ayudaré a salir
ya que casi me empujas al caer.
JUAN DAVID GAVIRIA
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martes, 23 de agosto de 2011
domingo, 21 de agosto de 2011
Días de penumbra
Hacia donde corrían las nubes, el aire traspasaba todo a su camino.
La inclinación, de los viejos de madera,
Señalaba hacia donde huía el viento silencioso.
Allí, la noche cobijaba el cielo opaco,
Mientras la luna asomaba su pálida silueta.
Las calles vacías como ríos secos,
Reflejaban la adrenalina de la esperada noche;
Todo esto mientras las sombras erguían sus formas amorfas.
El silencio cubría efímeros rincones.
Un alba, que nunca fue invitado,
Amenazaba con dar pausa a una escena lúgubre y macabra.
Oh cuán tormentante luz,
Entre aquellas escenas vetustas que jamás olvidaré.
Es esa luz, la que sale entre mis fantasiosas y anheladas noches,
Con un porte sutil, denso y rasgado.
Es aquella luz, la que brilla mientras doy por terminado mi ritual;
Es aquella luz, la que me desfigura cada día de penumbra.
Ahora, mis ojos no quieren mirar
Y mi cuerpo descansará en una fosa común;
Pero solamente hasta que la noche me reviva de nuevo.
Para brindar otro banquete al servicio infernal.
La inclinación, de los viejos de madera,
Señalaba hacia donde huía el viento silencioso.
Allí, la noche cobijaba el cielo opaco,
Mientras la luna asomaba su pálida silueta.
Las calles vacías como ríos secos,
Reflejaban la adrenalina de la esperada noche;
Todo esto mientras las sombras erguían sus formas amorfas.
El silencio cubría efímeros rincones.
Un alba, que nunca fue invitado,
Amenazaba con dar pausa a una escena lúgubre y macabra.
Oh cuán tormentante luz,
Entre aquellas escenas vetustas que jamás olvidaré.
Es esa luz, la que sale entre mis fantasiosas y anheladas noches,
Con un porte sutil, denso y rasgado.
Es aquella luz, la que brilla mientras doy por terminado mi ritual;
Es aquella luz, la que me desfigura cada día de penumbra.
Ahora, mis ojos no quieren mirar
Y mi cuerpo descansará en una fosa común;
Pero solamente hasta que la noche me reviva de nuevo.
Para brindar otro banquete al servicio infernal.
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